El miedo, el Ego y la sobreproteccion | TuCoach en Barcelona

El miedo, el Ego y la sobreproteccion

Rompernos en mil pedazos es el miedo que intentamos evitar. Necesitamos sobreprotegernos para que no se desencadene algo dentro nuestro que sea el principio del derrumbe. Así es vivir con miedo. Dejamos de hacer cosas para no dañarnos. Desde pequeños nos hacemos amigos del “miedo” para que nos ayude en esa misión. Conforme vamos creciendo, nuestro “Ego” se afana en hacernos conscientes de lo importante que somos, a riesgo de que ello sea a costa a veces de nuestra felicidad…

Mi amigo “miedo”

Conforme crecemos y tomamos conciencia de nuestro “Ego”, empezamos a preocuparnos por protegerlo. Llega un momento en que al niño se le empieza a educar a cuidarse y protegerse.

Entonces el miedo aparece en la vida del niño. Será ese amigo inseparable que ya nunca lo abandonará para el resto de su vida. Ese “amigo” le advertirá de los posibles peligros. A veces será de ayuda para evitar caerse y hacerse daño. Con el tiempo ese “amigo” puede haber acumulado tanto poder que influencie gran parte de las decisiones de la persona.

Así, dependerá de las experiencias vividas por el niño y luego adolescente, que el “amigo” lo domine en mayor medida. Los tutores, la educación y la sociedad en la que se desarrolle jugarán un papel fundamental, ya que ellos reforzarán más o menos el poder del “amigo”.

El jarrón milenario y el “miedo”

Veamos la interesante metáfora de “El Jarrón Milenario” que se nos cuenta en el blog “El Gabinete de David Salinas”:

Imagina que tienes un jarrón en tu casa, y que es precioso. Es tan bonito que cada vez que pasas por su lado, abrumado por su hermosura, te levanta el ánimo, te hace sentir bien. Quieres ese jarron, lo amas.

Pero un día llega a ti una asombrosa revelación: resulta que ese jarrón que hay en tu casa, es un jarrón milenario, de un valor imposible de calcular. El jarrón ya no sólo es hermoso, ahora es importante. Y desde que sabes esto, lógicamente, te vuelves muy cuidadoso y precavido con el jarrón: ya no limpias la zona en la que se encuentra temeroso de cometer una torpeza y que se rompa, tampoco te provoca la alegría que sentías antes la visión del jarrón porque ahora ni te atreves a pasar por su lado por miedo a tropezar y derribarlo, ni siquiera invitas a amigos a tu casa, desconfiando de que alguno sepa de la valía del jarrón y decida robártelo, ¡e incluso no consigues dormir por las noches debido a este motivo!

Sin darte cuenta de cómo, el jarrón se ha ido convirtiendo en la causa de multitud de desdichas. Y es que, en realidad, el jarrón ya era valioso antes de que supieras que era milenario. Ni siquiera hacía falta que supieras de esta cualidad para considerarlo de un valor incalculable: el jarrón era hermoso, el jarrón te hacía sentir bien. Amabas el jarrón, y no hacía falta que fuera un jarrón importante, para amarle.”

El “Ego” y el miedo

El miedo, el Ego y la sobreproteccionCuando entra en juego el “Ego”, se abre una puerta al miedo. Esa conciencia del “Ego” que tenemos no puede ser independiente de cierto deseo de protección. Existe miedo a la integridad del “Ego”. Por supuesto, no queremos que se rompa algo que valoramos.

El “Ego” es como nuestro particular “jarrón milenario”. Por consiguiente, hacemos todo lo posible por evitar el daño. Y nos esmeramos cada vez más en protegerlo a medida que lo consideramos más importante. El problema es cuando la sobrepotección no nos deja vivir libre y alegremente por miedo a que eso se dañe o rompa.

Por lo tanto, en nuestra vida tenemos que cuidarnos, pero también aprender a fluir sin demasiados miedos que coharten nuestra libertad de hacer lo que deseamos.

Nuestra felicidad depende de que no permitamos que el miedo nos impida disfrutar de nosotros mismos.

Vía|El Gabinete de David Salinas

Imagen cortesía de graur razvan ionut|Freedigitalphotos.net

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